sábado, 25 de agosto de 2012

Epístola estival a D. Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno...



Sr. Presidente: Ha terminado usted sus vacaciones, que no puedo ni estoy en condiciones de afirmar si han sido o no han sido merecidas... Su conciencia lo sabe, nadie más...
Aún resuenan, pues no ha pasado tanto tiempo, sus palabras, ante quienes confiaron en usted, en base a sus propuestas de gobierno, que se han diluído como un terrón de azúcar en un vaso de agua...
¿Qué hay de sus promesas....?
¿Dónde están sus maravillosos planes para arreglar este desarreglo que es España...?
Poco a poco, y, como quien no quiere la cosa, ha impuesto un yugo demasiado pesado sobre los hombros de todos los ciudadanos...
Y lo ha hecho, no de golpe, ni en un solo bloque, sino a lo somarda, como decimos por aquí..., y en otros lugares, creo que también...
Ha echado pestes del anterior gobierno, actitud muy fácil, muy simple y muy poco elegante...
Ha buscado refugio en la coartada de que la herencia recibida es dura y amarga...
¡Poca valentía demuestra usted...!
Sr. Presidente, creo que sabe que el fracaso de un político comienza en el momento en que se distancia de las gentes que gobierna... Que somos todos nosotros...
Y usted, sí, usted, hace días que comenzó a levantar, ladrillo a ladrillo, el muro que lo va separando del resto de la nación...
Así, fracasará...
Fracasará como político..., y, lo que es peor, y eso sólo lo sufrirá usted, fracasará como persona...
Hoy, desgraciadamente, podemos volver a hablar de la España oficial y de la España real...
De la España oficial, que conocemos a través de los medios informativos, y poco menos, y de la España real, que, para saber de ella, basta con salir a la calle...
En las paradas de autobús, en las colas del paro, en los lugares de trabajo, que cada vez son menos, sólo existe descontento...
Usted, parodiando a San Simeón Estilita, se ha subido a lo alto de una columna, no para ver el país desde una perspectiva más amplia, sino para sentirse en la cúspide del poder...
Al menos, San Simeón, que se pasó quince años en la suya, tenía otros motivos, más plausibles y honrosos...
Porque, Sr. Presidente, jamás ha poseído usted la valentía de asomarse a la nación, a través de cualquier medio, para hablarnos con palabras sencillas, para comunicarse con los ciudadan@s que gobierna, para darnos unas palmadas afectuosas en nuestros hombros cansados, sintiéndose uno más, haciéndonos ver que está con nosotros, que, por encima de su cargo, de las dificultades económicas, de todos los problemas..., es una persona...con sentimientos...
No lo ha hecho.
Ni creo que lo haga.
Su estrategia para llegar al poder, ha sido muy burda: Esperar a que sus contrarios abandonen por agotamiento.
Ellos también lo hacen ahora, no vaya a creer que no...
Esperan, con la misma avidez que usted lo hizo, a que el agotamiento le venza...
Camino lleva, Sr. Presidente, de tener que descender de las alturas, para que otros, aunque no sé quiénes, se hagan cargo del Ejecutivo...
Si hubiera dado la cara, si llevara la verdad por delante, si no se distanciara..., aún existiría la posibilidad de creer en usted y en sus actuaciones...
No ha sido así.
No ha cumplido con nada.
Ha engañado al país.
¿Y así pretende seguir gobernando...?
Aún está a tiempo de rectificar...
Mire, que los otoños suelen ser crueles...
Que, tras un verano de aparente tregua, las sombras otoñales le van a deparar muchas amarguras...
Usted se lo ha buscado, por otra parte...
Ha permitido que personas muy válidas, honradas y de mente clara, fueran barridas de la escena política...
Barridas por usted..., o por sus acólitos..., sólo porque decían la verdad...
En fin, Sr. Presidente...
Ha venido a demostrar que no es, ni más ni menos, nada distinto del resto de los políticos que hemos venido sufriendo desde años ha...
Este otoño, será decisivo.
Ya lo verá...
No le deseo nada, ni bueno ni malo, porque, como dijo el gran Julio César, citando al griego Menandro,
 "alea iacta est..."
La suerte está echada...

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